En el momento que nacemos, Dios nos bendice con un don. El significado de don es la habilidad que tengas para hacer una cosa. Puedes pasar toda una vida averiguando cual es mientras que otras lo saben apenas crecen. Existen las personas que le explotan el máximo provecho, otros que lo usan como pasatiempo y otros que ni saben que lo tienen o lo dejan pasar.
A mi Dios no me dio una inteligencia superdotada, no me favoreció con un cuerpo de modelo ni con unos ojos que te hacen perderte en otro mundo. Soy una persona normal y corriente, con uno que otras cosas que me hacen diferente al resto, pero a fin de cuentas soy normal. No soy de esas personas que apenas hablan todos ríen a su alrededor, no soy de esas que rumbea 24/7 o que nunca está en su casa. Tampoco soy de las que estudian todo el tiempo y jamás sale.
Siempre he creído que no hay nada para lo que pueda decir “PARA ESO SIRVO YO”. A la hora de elegir una carrera no me veía en ninguna, solo en Fisioterapia que todo se hace con las manos. Por muchas vueltas que da la vida, termine estudiando cocina que también es con las manos. Hace poco me di cuenta que para algo que sirvo es para hacer cariñitos, peinar, cocinar, cualquier cosa que sea con las manos. Es una habilidad innata que desde pequeña he tenido.
Definitivamente encontré para lo que soy buena, es una tontería pero le saco el máximo provecho y en este caso aplicaría el típico dicho “No importa que seas heladera si eres la mejor”. Me gusta lo que hago y lo sé hacer bien, soy buena con las manos, con eso me basta y me hace feliz (también a los demás).
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